BIOGRAFÍA
Barcelona
1926 - 2014
24 min de lectura
CRONOLOGÍA
1926
1937
1938
1939
1940
1941
1944
1945
1949
1950
1953
1954
1955
1957
1959
1960
1963
1964
1967
1968
1969
1970
1971
1972
1978
1983
1988
1996
2000
2003
2006
2010
2014
Nace en Barcelona
Josep M. Castellet nace el 15 de diciembre en la villa de Gràcia.
Londres y San Sebastián
En plena Guerra Civil, la familia se instala primero en Norbury (Londres) y después en San Sebastián.
Bilbao
En verano se trasladan a Bilbao, donde el padre ha encontrado trabajo. Allí cursará 2.º de bachillerato.
Regreso a Barcelona
La familia vuelve a Barcelona y se instala en la calle Còrsega, muy cerca de donde vivían antes de la guerra.
Colegio de la Inmaculada
Cursa tercero de bachillerato en el Colegio de la Inmaculada de los hermanos maristas.
Instituto Balmes
Pasa al Instituto Balmes, donde hará los cuatro últimos cursos de bachillerato.
Derecho en la Universidad de Barcelona
Empieza la carrera de Derecho en la Universidad de Barcelona. Se licenciará en septiembre de 1951.
El primer artículo
Publica «Futurismo» en Estilo, la revista universitaria del SEU.
Una reseña decisiva
Su reseña de Le deuxième sexe, de Simone de Beauvoir, provoca el cierre de Estilo y su expulsión.
Nace Laye
Sale el primer número de Laye, revista central para una nueva generación intelectual barcelonesa.
Crítico en Revista
Se incorpora a Revista como crítico literario y viaja a París con una beca del Ministerio de Educación.
Jornadas literarias de la Mancha
Asiste a las «Jornadas literarias de la Mancha»: primeros contactos con escritores españoles de su generación, que siguen, invitados por el gobernador civil de Ciudad Real,
Primer libro y Seix Barral
Publica Notas sobre literatura española contemporánea y entra en el comité de lectura de Seix Barral.
La hora del lector
Publica un ensayo clave para entender su primera etapa crítica.
Collioure y Formentor
Asiste al homenaje a Antonio Machado y al primer coloquio internacional de novela de Formentor.
Comunità Europea degli Scrittori
Forma parte del consejo directivo de esta red europea de escritores hasta su disolución, en 1968.
Poesia catalana del segle XX
Publica con Joaquim Molas una antología fundamental para el debate sobre la poesía catalana contemporánea.
Director literario de Edicions 62
Empieza una etapa de más de tres décadas al frente de uno de los grandes proyectos de la cultura editorial catalana.
América del Sur, México y Nueva York
Su primer gran viaje americano amplía su red intelectual y lo reencuentra con la familia Díaz de Cossío.
La Habana, París y la URSS
Participa en encuentros culturales internacionales en un año que también transforma su mirada política y crítica.
Lectura de Marcuse
Publica su libro de mayor difusión, escrito a raíz de los acontecimientos de Mayo del 68.
Nueve novísimos
La antología Nueve novísimos poetas españoles tiene un gran impacto en el panorama literario.
Salvador Espriu
Publica Iniciació a la poesia de Salvador Espriu, obra galardonada con el Premio Taurus de ensayo.
Una nueva ruta americana
Viaja con Carmen Balcells y Carlos Barral por Caracas, Lima, Iquitos, Santiago de Chile y Buenos Aires.
Escritores y Josep Pla
Es elegido primer presidente de la Associació d’Escriptors en Llengua Catalana y publica Josep Pla o la raó narrativa.
Creu de Sant Jordi
La Generalitat de Cataluña le concede la Creu de Sant Jordi.
Els escenaris de la memòria
Publica su obra memorialística más emblemática, reconocida con varios premios de crítica y de literatura.
Se jubila de Edicions 62
Cierra su etapa como director literario, después de más de treinta años construyendo su catálogo.
Presidente del Grup 62
Es nombrado presidente del consejo de administración del Grup 62.
Medalla de Oro
Recibe la Medalla de Oro de la Generalitat de Cataluña.
Decano de la Institució de les Lletres Catalanes
Asume el decanato de la Institució de les Lletres Catalanes.
Premio Nacional de las Letras Españolas
Recibe uno de los principales reconocimientos del Estado a toda una trayectoria literaria.
Muere en Barcelona
Josep M. Castellet muere el 9 de enero, a los ochenta y siete años.
Los Castellet i los Díaz de Cossío
Los Castellet
(…) dentro del juego de verdades y mentiras que solemos contarnos a nosotros mismos, siempre he estado a favor de lo primero, debidamente matizado. Así que, cuando usted [se dirige a Josep Pla] me dijo que le habían dicho que venía de una familia más o menos acomodada, tuve que responder que mis orígenes familiares eran, como mínimo, de la pequeña burguesía del pueblo de Gràcia, donde había nacido mi padre, en el Torrent de l’Olla, y donde, a trescientos metros de distancia – Bailèn/Travessera – yo mismo había nacido. Cuando hice alusión a un abogado Castellet del que habías oído hablar, te dije que era mi tío, que ya había fallecido, pero que tampoco había alcanzado ninguna situación económica de magnitud media. «No sé de dónde saqué la idea de que, al menos, su padre es un hombre textil que ha hecho cierta fortuna.» «Mira, Pla», le dije, «mi padre ha trabajado toda su vida como hombre negro y ha formado una familia cobrando una comisión por cada «paquete» de algodón hilado vendido. Nunca nos ha faltado nada – es cierto – pero salvo por unas pocas casas en Gràcia, con alquileres reducidos y un paquete más o menos importante de acciones compradas en la bolsa, no sabía que tenía otra cosa». «Pero ¿qué pasa con tu abuelo, no les dejaste algo?»
Mi abuelo paterno, que era fabricante de paletas, murió en un accidente en Nochebuena de 1897, dejando viuda y tres hijos, además del cuarto – mi padre – que nació unos meses después, exactamente el 5 de mayo de 1898. Aprendí la verdad económica de mi familia en un documento extraordinario que no engañó a nadie: el diario de mi abuela – fechado en 1901 – donde anotaba, día a día, los gastos e ingresos, por céntimo. Sentías curiosidad por ese diario: «¿Te importaría explicar su contenido? No le pido que me diga las cantidades, porque ahí reside el secreto de las familias. Pero ¿qué escribió tu abuela en ese documento?» Se lo dije, entre otras cosas, porque me parece que la verdad de los números pequeños no es un secreto, sino la medida exacta del paso y la estrechez de una familia normal, quiero decir, de aquellos que no ocultan nada, porque no tienen nada que ocultar.
(«Una carta a Josep Pla», dins Josep M. Castellet, Els escenaris de la memòria (Barcelona, Edicions 62, 1988))
Los Díaz de Cossío
A finales del siglo pasado, un adolescente llamado Martín Díaz Calero, nacido en Novales, provincia de Santander, hijo del médico rural del pueblo, llegó a México dispuesto a hacer fortuna. Sabemos muy poco sobre los primeros años de su vida en Estados Unidos, pero se casó con María Cisneros a una edad muy temprana, una mujer mestiza muy hermosa ⎯según las fotos⎯ de la que pronto tuvo una hija, a la que llamaron Encarnación Dolores [madre de Josep M. Castellet]. Le sucedieron dos hijos más, Eduardo y Diego. En algún momento se trasladó a Yucatán, donde participó en negocios de fibra, especialmente de sisal y henequén. Sin embargo, las cosas no debieron ir muy bien para él, ya que un día indeterminado de un año indetectable decidió enviar a la familia a España, concretamente a la ciudad de Celis, donde su padre había sido asignado, y permanecer solo en México buscando obstinadamente la fortuna que le había empujado a cruzar el Atlántico. (…)
Martín Díaz reapareció en España en la segunda década del siglo, habiendo logrado, en parte, su objetivo. Decidió, en algún momento, establecerse con toda su familia ⎯incluidos sus padres⎯ en Barcelona, desde donde pensó que podría desarrollar sus negocios mejor que en cualquier otro lugar de la península. Mientras tanto, María Cisneros había fallecido y había nacido su última hija, María Paz. Desde Barcelona regresó a México y más tarde realizó varios viajes por Europa y América para vender fibras mexicanas. A principios de los años veinte, en un viaje a la URSS, estableció uno de los primeros contactos para la exportación de sisal entre México y el gobierno surgido de la revolución de 1917.
(…) Alrededor de 1915 ⎯fecha bastante imprecisa⎯ reclamó y obtuvo el reconocimiento judicial del apellido Díaz de Cossío, en lugar del inicial Díaz. La mansión Díaz de Cossío se encuentra en Carmona (Cantabria) y hoy es un pequeño «parador nacional», con un escudo de armas historiado. Parece que Eduardo, el médico, nació en esa casa.
(«Octavio Paz» dins Josep M. Castellet, Els escenaris de la memòria (Barcelona, Edicions 62, 1988))





Biografías en línia
Associació d’escriptors en llengua catalana: Josep M. Castellet
https://www.escriptors.cat/autors/castelletjm
Fons Josep M. Castellet. Biblioteca de Catalunya
https://www.bnc.cat/Fons-i-col-leccions/Cerca-Fons-i-col-leccions/Castellet-J.-M.-Josep-Maria
Josep M. Castellet a LletrA (Universitat Oberta de Catalunya)
https://lletra.uoc.edu/ca/autor/josep-m-castellet
Viquipèdia: Josep M. Castellet i Díaz de Cossío
https://ca.wikipedia.org/wiki/Josep_Maria_Castellet_i_Díaz_de_Cossío
Entrevistas
«José María Castellet a Fondo» per Joaquin Soler Serrano, 28 de juliol de 1980
https://www.youtube.com/watch?v=qThUdYLnagU
«Terenci a la fresca» entrevista Josep M. Castellet, 23 de febrer de 1981
https://www.rtve.es/play/videos/terenci-a-la-fresca/terenci-moix-castellet/2295072/
«Literal», Raimon entrevista a Josep M. Castellet. (RTVE.es), 1991
https://www.youtube.com/watch?v=BKvC2XL4eX8
«Veus literàries» amb Josep M. Castellet (Canal AELC) (2005). Guió i direcció d’Agustí Espriu. Lectures de Lluís Soler. Director de fotografia, Albert Serradó.
https://www.youtube.com/watch?v=i4Pnp5fBtg4
«L’hora del lector», Emili Manzano entrevista Josep M. Castellet. (22 de novembre de 2007)
https://www.3cat.cat/3cat/t2xc10-jm-castellet/video/6321443/
«L’hora del lector», Emili Manzano entrevista a Josep M. Benet i Jornet i Josep M. Castellet. (29 de gener de 2010)
https://www.3cat.cat/3cat/josep-m-castellet-i-josep-m-benet-i-jornet/video/2646459/
«S(Avis)», Enric Calpena presenta/entrevista Josep M. Castellet. (23 d’abril de 2008)
https://www.3cat.cat/3cat/josep-maria-castellet/video/4850432/
La conexión con Europa
En la primavera de 1959 recibí una invitación para asistir a un congreso sobre Europa que se celebraría en Lourmarin, Provenza. Esta invitación fue firmada por un poeta francés, Pierre Emmanuel. Si no me equivoco, junto con los coloquios poéticos de Formentor – posteriormente ampliados por el Prix International de Littérature y el Prix Formentor – este fue mi debut en este tipo de encuentros que, prolongados durante el régimen franquista, me permitieron viajar con frecuencia fuera de España. Carles Barral y Pierre Emmanuel, además del ensayista italiano G.B. Angioletti, me ayudaron, con el tiempo, a huir periódicamente de la lepra de Franco, a conocer el pan que se daba en Europa —el de Oriente y el de Occidente— y a sentirme más cómodo y seguro de mí mismo a través de las vicisitudes culturales de los años sesenta.
(«José Luis Aranguren», dins Els escenaris de la memòria, 1988)
De hecho, entre mayo y julio de 1959 se produjeron una serie de conexiones con intelectuales europeos que contribuyeron a la presencia de Josep M. Castellet en los círculos intelectuales europeos. El hasta entonces brillante joven inconformista, que interesaba tanto a sus compañeros comunistas como a los intelectuales liberales españoles del falangismo, dio un paso importante y logró realzar su figura única.
Como miembro del comité de lectura de Seix Barral, participó en el Primer Coloquio Internacional de Novelas, organizado por la editorial Barral, en el Hotel Formentor de Mallorca. Ese primer encuentro con escritores y editores europeos llevó a la creación de los Premios Internacionales de Literatura Formentor, organizados por un selecto grupo de editoriales ⎯europeas, entre ellas Barral, Gallimard, Rowohlt, Einaudi…⎯ que se mantuvieron hasta 1967. Castellet, que participaba como jurado en cada convocatoria, tuvo contacto directo con la narrativa europea de la época, que fue esencial en su posterior labor como editor.
Un par de meses después, en julio de 1959, su relación con un grupo de intelectuales españoles antifranquistas de una generación anterior a la suya – liderados por José L. Aranguren y Dionisio Ridruejo – le permitió vincularse con dos organizaciones de la Guerra Fría: el Comité Español del Congreso por la Libertad de la Cultura, que gestionará durante los años sesenta la participación de escritores españoles en congresos y encuentros internacionales organizados por la entidad y, sobre todo, becas en forma de becas y ayudas de viaje; y la Comunità Europea degli Scrittori ⎯COMES, ⎯que estaba creando una asociación de escritores e intelectuales de ambas Europas y de la que Castellet pronto formaría parte del comité directivo y crearía la delegación española, pero también la delegación catalana.



El activismo político y cultural
La tarde del 11 de diciembre de 1970, recibí una llamada invitándome a pasar esa noche en el Stork Club, en el pasaje Arcàdia, entre Tuset y Balmes, para tomar algo con unos amigos. Sobre las once pasé por allí y Núria Serrahima me esperaba con tres o cuatro de los habituales. El Stork Club lo solían frecuentar personas del mundo de las letras, el arte y el entretenimiento, así como por arquitectos y diseñadores que predicaban la modernidad, es decir, lo que algunos llamaban la intelectualidad avanzada de Barcelona, no sin causticidad.
En ese momento, algunos de los miembros de las profesiones mencionadas, además de varias personas del ámbito universitario comprometidas con la oposición clandestina al régimen, preparaban una reunión clandestina de alto perfil, en algún lugar indeterminado, para protestar contra el juicio de ocho miembros de la incipiente organización ETA, para quienes se solicitaba la pena de muerte.
(…) No pertenecía al núcleo que organizaba la protesta, pero era consciente de ella y los responsables me habían pedido, en su nombre, que invitara a Mario Vargas Llosa a participar en la reunión, donde estarían presentes figuras notables como Antoni Tàpies y Joan Miró. Le pregunté y el novelista peruano aceptó. Esa noche en el Stork, tenían que comunicarme el lugar exacto de la reunión y así lo hizo Núria, una de las responsables de la organización: la reunión tendría lugar en Montserrat el día siguiente por la tarde.
(«Montserrat Roig, inicis d’una amistat» dins Memòries confidencials d’un editor. Tres escriptors amics, 2012)
Josep M. Castellet emprendió el camino del exilio, junto con sus padres, en enero de 1937. Tras unos meses en Londres, se trasladaron a la zona nacional, a San Sebastián y Bilbao, y regresaron a Barcelona una vez terminada la guerra. Su formación académica, lógicamente, corresponde a los años más oscuros del régimen franquista. Pero una vez matriculado en la Universidad de Barcelona, coincidió con algunos compañeros que, marcados por su vocación literaria – a pesar de que, por decisión familiar, estudiaban Derecho – dejaron claro de inmediato que si querían profesionalizarse en el mundo de la literatura tenían que alejarse del entorno cultural que ofrecía el régimen e involucrarse en la aventura de la reconstrucción de un mundo cultural que se desmarcara de los modelos impuestos y que pudiera reconectar con Europa.
Utilizando las mismas estructuras que les ofrecía el sistema, Castellet comenzó su actividad como crítico literario en las revistas universitarias de la SEU –el sindicato estudiantil falangista de afiliación obligatoria–, su experiencia docente en el Seminario Boscan, vinculado al Instituto de Estudios Hispanos, y la creación de la revista Laye a partir de un encargo del colegio oficial de graduados de Barcelona.
Fue precisamente en el Seminario de Boscán donde Castellet se relacionó con un grupo de jóvenes universitarios –entre ellos Salvador Giner, Luis Goytisolo, Joaquim Jordà, Octavi Pellissa y Nissa Torrents– que formaron la primera célula universitaria de la PSUC. Aunque nunca participó en ninguna militancia política, el contacto cercano con el movimiento universitario de la segunda parte de los años cincuenta y las relaciones amistosas con los intelectuales del PCE de Madrid –Carmen Martín Gaite, Rafael Sánchez Ferlosio, Alfonso Sastre, García Hortelano, López Salinas, etc – le llevaron a participar activamente en aventuras como la histórica carta con más de cien firmas de intelectuales comprometidos al ministro Fraga Iribarne denunciando las torturas, maltratos y vejaciones infligidos a los mineros asturianos y sus esposas durante la huelga de 1962.
En Barcelona, las relaciones entre los núcleos de oposición al régimen eran ideológicamente mucho más abiertas que en Madrid debido a la dinámica del mundo político y cultural catalán antifranquista, que tendía a actuar como un frente común —y, por tanto, más unitario— frente a la defensa de las libertades culturales.
Dentro de este marco de activismo catalanista, que oscilaba entre la clandestinidad y la presencia pública, existía un grupo de personas –entre el conservadurismo conservador y católico, y la afiliación al PSUC– vinculado a actos de renovación cultural hasta bien entrados los setenta. Entre ellos, Oriol Bohigas, M. Aurèlia Capmany, Jordi Carbonell, Josep M. Castellet, Alexandre Cirici, Josep Fontana, Ernest Lluch, Albert Manent, Joaquim Molas, Miquel Porter Moix, Josep Termes, Joan Triadú y Francesc Vallverdú.
En Cataluña, los años sesenta —que comenzaron con el Congreso clandestino de Cultura Catalana, concebido en 1961 y celebrado en 1964— significaron unos años de gran actividad por parte de las fuerzas intelectuales que se oponían al régimen: la Capuchinada de 1966, el Encierro de Montserrat de 1970, donde se formó la Asamblea Permanente de Intelectuales, que terminaría, en 1971, con la formación de la Asamblea de Cataluña, en 1971.
El año 1968. Viajes y reflexión política
«Los viajes al extranjero habían sido decisivos para mi educación, como lo fueron para la de Baltasar [Porcel], que en ese momento apenas comenzaba a desarrollar su vocación de viaje. En esos meses habíamos estado hablando de mi viaje a Cuba – en enero de 1968, para participar en el Congreso Cultural de La Habana, que estaba concurrido y abierto a todas las ideologías de la izquierda – y del viaje a la Unión Soviética – con motivo del centenario de Maxim Gorki, en junio – y de mi estancia en París en mayo, coincidiendo con el movimiento universitario y las diversas huelgas. Cuba era, en ese momento, una revolución en progreso, y la Unión Soviética, la revolución consolidada, y la revolución esclerotizada y burocratizada. La revuelta de los estudiantes franceses, por mucho que muchos quisieran darle un aspecto revolucionario estructural, tuvo resultados, quizás impensables, que apuntaban a la subversión –comprendida en todo el mundo occidental– de los valores intelectuales y morales hegemónicos hasta ese momento.»
(«Baltasar Procel, viatges d’anada i tornada» dins Memòries confidencials d’un editor. Tres escriptors amics, 2012)
Enlace con la entrevista de Baltasar Porcel:





La política cultural
(…) Una política cultural enmarcada en un marco político más amplio tiene muchas más probabilidades de desarrollarse por sí sola, sin el control o los límites que le imponen voluntaria o involuntariamente por el hecho de que sea concebida a partir de un partido y llevada a cabo por hombres de ese partido. La libertad y el pluralismo cultural deben garantizarse, y esto no es posible en el marco de gobiernos estancados en los que se impone inexorablemente una visión disminuida de los problemas del país. La función de un gobierno —la de la Generalitat o la de cualquier Estado— debe consistir en tomar conciencia de la importancia de los factores culturales generales, en el sentido más amplio, y en crear condiciones abiertas para el desarrollo de la vida de todos los ciudadanos, que son protagonistas y únicos sujetos de su existencia.
(…) La paradoja de la situación cuando se habla de política cultural —y lo que la mayoría de los políticos no entiende— es que se pide al gobierno que estimule y ayude, promueva y subvencione actividades que en ningún caso debería dirigir y controlar, sino solo administrar. En otras palabras, crear una infraestructura sobre la que se establezcan actividades gratuitas, fuera de su dominio.
(Per un debat sobre la cultura a Catalunya. Barcelona: Edicions 62, 1983.)
La participación de Castellet en los Diálogos y Conversaciones que habían marcado parte de la actividad intelectual, española y catalana, durante los años sesenta y setenta, le permitió desarrollar una idea de organización cultural esencial para modernizar y europeizar la cultura catalana. El camino de reflexión y maduración sobre el proyecto cultural de un país que debía ser reconstruido se concretó en 1983 en su libro Per un debat sobre la cultura a Catalunya, con el objetivo de establecer una propuesta y abrir el debate para formular un pacto plural. La idea de Pacto Cultural y la creación de un Consejo Nacional de Cultura como condición previa para cualquier política cultural resultó de gran interés para el ministro de Cultura del primer gobierno de Jordi Pujol, Joan Rigol, quien, entre 1984 y 1985, creó un Consejo Asesor compuesto por unos veinte intelectuales de los cuales, según el propio Rigol, Castellet era el líder moral. La situación política generada por el caso de la Banca Catalana fue la causa de que el proyecto no se materializara. como condición previa para cualquier política cultural resultó de gran interés para el ministro de Cultura del primer gobierno de Jordi Pujol, Joan Rigol, quien, entre 1984 y 1985, creó un Consejo Asesor compuesto por unos veinte intelectuales de los cuales, según el propio Rigol, Castellet era el líder moral. La situación política generada por el caso de la Banca Catalana fue la causa de que el proyecto no se materializara.
El Consejo Asesor del Ministro Rigol estaba compuesto por Josep M. Ainaud de Lasarte, Josep Ballarín, Miquel Batllori, Xavier Bru de Sala, Joan Carreras, Josep M. Castellet, Josep M. Espinàs, Xavier Folch, Josep M. Forn, Pere Lluís Font, Jaime Gil de Biedma, Joaquim Maluquer, Francesc Noy, Modest Prats, Albert Ràfols Casamada, Josep Ramoneda, Ignasi Riera, Ignasi de Solà Morales, Josep Termes, Joan Triadú, Eugenio Trías, Manuel Vázquez Montalbán, así como Jaume Lorés como secretario y Oriol Pi de Cabanyes como ponente.

Sáenz-Díez Trias, Margarita. “El conseller de Cultura estará asistido por un equipo de asesores ideológicamente plural” [enllaç a pdf]. La Vanguardia 3/7/1984
“El necessari pacte cultural”. L’Avui 11/7/84. p. 10
El entorno
A mí no se me entiende sino a partir del hecho de que, estando metido en todos los tinglados literarios, por temperamento he sido el observador distante, el testigo, un papel quizá antipático y que se ha ido acentuando con los años. Oriol Bohigas me lo ha dicho más de una vez: «lo has ido viendo todo con ojos críticos, y cada vez más escéptico». Quedan para mí muy pocos valores en pie, pero uno es la amistad. La principal, la que me unió a Barral y su grupo, del que también quedamos pocos. Me hablas de esas noches largas y movidas del Hotel Suecia en Madrid, sí. Allí parábamos siempre, cuando Carlos llegaba y convocaba a los novelistas madrileños del realismo crítico o la «escuela de la berza», como se llamó luego, y en su día vosotros, los Novísimos. Recuerdo lo que decía Ferlosio: «ya llega Carlos Barral en avión a invitarnos a todos los pobrecitos de Madrid a whisky escocés». Noches de mucho vino y aventuras de cama, aunque yo me emborraché poco e hice menos mala vida que ellos. ¿Para observar mejor? Haber participado en todas esas peripecias que, al margen del alcohol y los líos eróticos, tanto contaron en nuestra literatura, me permite ahora, cuando a punto de cumplir los setenta llevo una vida privada muy serena y apartada, acentuar mi vocación de cronista irónico, que muchas veces, claro, se burla de sí mismo. Me veo en esos retablos de los amigos, como el caganer de los belenes, ese tipo que está al fondo del pesebre cagando y viendo el nacimiento. Sé que nunca he tenido el carácter agresivo y arrollador de Jaime Gil o del Juan Benet de Madrid, pero siendo superviviente de todos ellos me he convertido en un descreído hipercrítico. Y siempre con una cosa muy clara: yo me hecho con los demás.
(Vicente Molina Foix, La edad de Oro. Madrid: El País/Aguilar, 1997, p.233-245.)
El grupo universitario
A finales de los años cuarenta, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona, coincidieron un grupo de estudiantes inquietos y ambiciosos, con el deseo de tener su propio espacio en el mundo de las letras, que buscaran caminos y fórmulas para posicionarse profesionalmente. De natural talentosos, todos ellos, de una forma u otra, se convirtieron en personajes destacados en la literatura española y catalana. Entre otros, encontramos a Jaime Gil de Biedma y Gabriel Ferrater, los dos más grandes poetas de su generación; Carlos Barral, el editor estrella de los años cincuenta y sesenta; Joan Ferraté, uno de los grandes críticos literarios de la segunda mitad del siglo XX; Manuel Sacristán, influyente filósofo y pensador; Josep M. Castellet, escritor y editor de gran importancia en la constitución de la cultura catalana contemporánea.
La creación de la revista Laye y el vínculo de casi todos ellos con la editorial Seix Barral fueron elementos decisivos en el arranque de sus inicios profesionales.



Los pintores
Convaleciente de la tuberculosis que le llevó a ingresar en el Sanatorio Puig d’Olena durante nueve meses, entre 1950 y 1951, Castellet regresó a casa. Por la mañana trabaja en la oficina de su padre, por las tardes tiene que descansar. En el mismo rellano del apartamento de la calle Córcega, donde vive con sus padres, hay un joven viudo con un hijo que acaba de nacer y que ha regresado a casa con sus padres después de que la mujer, una chica de 25 años, muriera en el parto. Se llama Francesc Todó. Es cuatro años mayor que Castellet y durante mucho tiempo hará compañía al convaleciente. La amistad con Paco Todó, que nunca volvió a interrumpirse, presentó a Castellet a un nuevo grupo de amigos: los pintores. El grupo, al que las respectivas mujeres se fueron incorporando poco a poco, estaba formado por Paco Todó e Isabel Garriga, María Girona y Albert Ràfols Casamada, Josep Guinovart y María Antonia Pelauzy, Santiago Ferrer y Mercedes Joaniquet. La relación con los pintores y la relación con la pintura serían constantes en la biografía más íntima y personal de Castellet.









Colaboradores y asesores editoriales
El catálogo de Edicions 62 no puede ser el catálogo de una sola persona. Cuando me jubilé, el catálogo de 62 ya tenía 3.500 títulos y no existe ningún catálogo de 3.500 títulos que refleje el trabajo de una sola persona. Sin embargo, dentro del catálogo de 62 hay un núcleo de títulos que realmente representa lo que quería hacer como contribución personal (…) que son las colecciones literarias, las de novelas, poesía y ensayos. Creo que, en tres, cuatro o cinco colecciones puedes encontrar mi pensamiento o mi ideología literaria, y luego hay una serie de colecciones – a algunas de las cuales también puedo aportar mucho – que tratan sobre buscar un asesor. En la sección estrictamente catalana, por ejemplo, Joaquim Molas es una de las piezas básicas de la editorial. (…) Creo que una de las cosas importantes de un editor es no querer hacerlo todo, sino colaborar con asesores competentes.







Joaquim Sabrià, al frente del área comercial desde diciembre de 1982.
Marisa Trigo, coordinadora de la Història gràfica de la Catalunya dia a dia
Josep M. Castellet. Fragments d’autoretrat
Muñoz Lloret, Teresa, Josep M. Castellet. Fragments d’autoretrat. Barcelona: Associació d’Escriptors en Llengua Catalana, 2015
Josep M. Castellet. Retrat de personatge en grup
Muñoz Lloret, Teresa, Josep M. Castellet. Retrat de personatge en grup. Barcelona: Edicions 62, 2006.
De sombras y de sueños
De sombras y de sueños: homenaje a J.M. Castellet, a cargo de Eduardo Salas Romo. Barcelona: Península, 2001.
Josep M. Castellet i Eduard Castellet
Josep M. Castellet i Eduard Castellet, a cargo de Patrícia Gabancho. Barcelona: Ajuntament de Barcelona, 1998. (Diàlegs a Barcelona; 56)
Homenatge a J. M. Castellet
Homenatge a J. M. Castellet. Barcelona: Edicions 62, 1996.
Portada
El crítico y el ensayista
