El editor

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Los comienzos

Hay que decir que la redacción de la editorial, en ese periodo inicial, era un desastre. Todos estábamos dedicados principalmente a la política, una actividad que en aquel momento era, por desgracia, estéril o, como mucho, solo testimonial. La redacción era una reunión permanente donde se daban cita escritores, políticos aficionados y personajes de actividad incierta —que luego desaparecieron— que proponían proyectos literarios y subversivos inverosímiles o imposibles. Por cada minuto de actividad editorial productiva, pasábamos horas en chismorreos políticos, redactando documentos de protesta y recogiendo firmas y, lo peor de todo, en interminables discusiones ideológicas que, obviamente, no llevaban a ninguna parte. Sin embargo, todo eso formaba parte de nuestra formación política… y es un recuerdo sentimental, pasados los años.

Entrevista a Josep M. Castellet, L’Avenç, 300 (marzo de 2005)

La formación del editor

La primera aventura de Castellet en el sector del libro impreso fue la creación de la Impremta Frontis, con el editor Joaquim Horta y Francesc Todó, encargado del diseño gráfico. La imprenta se instaló en el edificio David de la calle Aribau de Barcelona en 1956. En 1963 tuvieron que cerrarla debido a problemas económicos.

La independencia económica definitiva, que le permitiría casarse con Isabel Mirete y alejarse definitivamente del despacho de su padre, se la proporcionaría en 1956-57 un antiguo compañero de carrera, Joan de Déu Trias de Bes, cuando le ofreció la dirección de una editorial jurídica, Praxis, que se dedicaría a actualizar manuales de jurisprudencia, siguiendo el modelo de una editorial francesa del mismo nombre y con financiación de Ramon Guardans.

Pero su verdadera formación como editor la adquirió siendo miembro –entre 1955 y 1967– del comité de lectura de Seix Barral. Carlos Barral, siguiendo el modelo de las editoriales Einaudi y Gallimard, organizó un comité de lectura para una editorial que empezaba a publicar dos colecciones clave en la transformación de los gustos literarios de la época: la Biblioteca Breve (1954) y la Biblioteca Formentor (1960).

El comité de lectura estaba formado por Carlos Barral, Joan Petit –director literario de la editorial–, José M. Valverde, Antoni Vilanova, Margarita Fontserè, Gabriel Ferrater, Jaime Gil de Biedma y Josep M. Castellet.

El director literario de Edicions 62

Cuando Max Cahner y Ramon Bastardas acababan de fundar Edicions 62 en 1962, pidieron al controvertido antólogo una obra equivalente a Veinte años de poesía española (1959) sobre poesía catalana. Castellet no puede hacerlo solo porque su conocimiento del tema no es suficiente para enfrentarse a una aventura como esta. Sus aproximaciones a la literatura catalana han sido básicamente sociológicas y aún no ha analizado autores ni textos. Fue entonces cuando solicitó la colaboración de Joaquim Molas, con quien en 1963 publicó Poesia catalana del segle XX, que se convirtió en la obra por excelencia de la crítica militante en el realismo. Y Castellet, esta vez acompañado por Molas, vuelve al centro de la polémica.

La colaboración inicial con Edicions 62 culminó en 1964, cuando Cahner, interesado en el perfil de Castellet por sus vínculos con el cosmopolitismo de Seix Barral y los premios Formentor, le ofreció la dirección literaria de la incipiente editorial, que en ese momento no había publicado más de veinte títulos. Castellet se embarcaba en una aventura que le resultaba mucho más interesante y atractiva que la seguridad que ofrecía Praxis, la editorial jurídica donde se había ganado la vida hasta entonces. Y complicada, sin duda: a finales de 1969 la gestión de la Gran Enciclopèdia Catalana, obra estrella de Edicions 62, provocó la primera gran crisis económica de la empresa, que se resolvió con una separación radical entre la Enciclopèdia y la editorial. Castellet y Bastardas permanecieron en Edicions 62, donde tuvieron que afrontar la recuperación mediante una imprescindible reorientación del catálogo que exigía la nueva situación económica.

Colecciones emblemáticas del catálogo de los primeros años

La reorientación del catálogo

Si hasta entonces Castellet había sido director literario a sueldo, en esta segunda etapa se convertiría en editor empresarial. Y emprendió una gran reorientación de la línea editorial: por un lado, tuvo que ralentizar el ritmo de las colecciones más prolíficas (Antologia Catalana, El Balancí, Llibres a l’Abast), reduciendo a la mitad el número de títulos por año y recortando la literatura universal para publicar casi exclusivamente autores catalanes. Por otro lado, modificó a fondo el catálogo, con el cierre de una serie de colecciones y la introducción de otras en dos líneas simultáneas: librería y venta a plazos. En el mercado de librería, se apostó por los libros de bajo coste; en el otro, se abrió una nueva línea editorial, lanzada a partir de 1973: la de los libros ilustrados. Aunque requerían una inversión mucho mayor, los libros de gran formato y precio considerable abrían una nueva vía de comercialización de gran importancia para la empresa: el libro a plazos.

Con la entrada de Joaquim Sabrià al frente del área comercial, esta línea recibió un fuerte impulso: se crearon y produjeron obras como la Història de l’art català, la Història de Catalunya o la Història de la cultura catalana.

Finalmente, Edicions 62 se encontró en unas condiciones inmejorables para llevar a cabo la ambiciosa colección Les Millors Obres de la Literatura Catalana (MOLC), un antiguo proyecto de Joaquim Molas que hasta entonces nadie se había atrevido a sacar adelante: a razón de un volumen al mes, una serie cerrada de cien títulos que ofrecía una visión general de la tradición literaria catalana, casi un canon.

En pocos años, Castellet y Bastardas lograron refundar la editorial, manteniendo la orientación con la que había nacido: cubrir las carencias básicas del mercado editorial catalán y conectar con el modelo editorial europeo y cosmopolita, creando un catálogo multidisciplinar, interesado en todos los ámbitos culturales y en todas las formas del libro. Cuando Castellet se jubiló como director literario en 1996, el catálogo de la editorial había alcanzado los 3.500 títulos. Su vínculo con la casa continuó con la presidencia —desde 1999— del nuevo Grup 62.

El escritor memorialista

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Bibliografía

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